Árboles de hoja caduca: los protagonistas del otoño

Árboles de hoja caduca: los protagonistas del otoño
arboles de hoja caduca en otoño

Entre octubre y noviembre el jardín cambia de color y muchos árboles se quedan sin una sola hoja. Es un proceso completamente normal y además uno de los más interesantes que ocurren en una planta a lo largo del año, aunque solemos darlo por supuesto. 

Los árboles de hoja caduca son los responsables de ese cambio. En esta guía te contamos qué son exactamente y por qué sus hojas se vuelven amarillas, naranjas o rojas antes de caer. También cuáles funcionan mejor según el espacio del que dispongas, incluso si solo tienes una terraza.

Qué es un árbol de hoja caduca y en qué se diferencia de uno perenne

Un árbol de hoja caduca es aquel que pierde todas sus hojas durante una época concreta del año, normalmente el otoño. Después permanece en reposo todo el invierno, hasta que vuelve a brotar en primavera. Los de hoja perenne, en cambio, van renovando su follaje poco a poco y nunca llegan a quedarse desnudos. 

La razón de esa diferencia tiene que ver con el clima. Mantener una hoja activa tiene un coste para la planta, porque transpira agua y hay que nutrirla. En lugares con inviernos fríos y días muy cortos, ese gasto no compensa, de modo que el árbol recupera buena parte de los nutrientes que hay en sus hojas y después se desprende de ellas. 

Por eso los árboles caducifolios predominan en los climas templados con estaciones bien marcadas, mientras que los perennes son más habituales en zonas mediterráneas y tropicales. En la cornisa cantábrica y en buena parte del norte peninsular conviven ambos tipos sin problema. 

Aquí hay una idea bastante extendida que conviene matizar. Las hojas no se vuelven amarillas en otoño, sino que dejan de ser verdes, y el matiz cambia por completo la explicación. 

Los pigmentos ya estaban en la hoja

Una hoja contiene varios pigmentos al mismo tiempo. El principal es la clorofila, de color verde, que se encarga de la fotosíntesis y resulta tan abundante que oculta a todos los demás. Junto a ella conviven los carotenoides, responsables de los tonos amarillos y anaranjados, que están presentes durante todo el año aunque no los veamos. 

Cuando llega el otoño, el árbol deja de producir clorofila y la que ya tiene se degrada en cuestión de semanas. Al desaparecer el verde quedan a la vista los carotenoides, que llevaban ahí desde la primavera. 

De dónde salen los rojos y los púrpuras

Los rojos intensos del arce o del liquidámbar funcionan de otra manera, porque no estaban previamente en la hoja. Son antocianinas y el árbol las fabrica precisamente en otoño, justo cuando podría parecer que ya no merece la pena invertir en un tejido que va a perder. 

árbol de hoja caduca

La explicación más aceptada es que actúan como una especie de protección frente a la luz. Durante esas semanas el árbol está recuperando nutrientes valiosos de la hoja, sobre todo nitrógeno, y necesita que el tejido siga funcionando un tiempo más. Las antocianinas filtran el exceso de luz y le permiten completar ese traslado sin daños. 

Esto explica también por qué unos otoños son mucho más vistosos que otros. Los colores más intensos aparecen cuando se combinan días soleados con noches frías pero sin heladas. Un otoño templado y nublado da tonos mucho más apagados.

Qué desencadena el proceso

Aunque solemos asociarlo a las primeras heladas, la señal principal no es la temperatura sino la duración del día. El árbol detecta con bastante precisión cuánto se alargan las noches y, a partir de cierto punto, pone en marcha todo el proceso. Un otoño cálido puede retrasarlo algunos días, pero no impedirlo. 

Cómo se desprende finalmente la hoja

En la base del pecíolo, donde la hoja se une a la rama, el árbol desarrolla una capa de células conocida como zona de abscisión. Esa capa va debilitando la unión de forma progresiva hasta que el peso de la propia hoja o una racha de viento terminan de separarla. Al mismo tiempo sella la cicatriz, de manera que el árbol no pierde savia ni queda expuesto a infecciones por ese punto. 

Arce japonés, el árbol de hoja caduca más habitual en jardines pequeños

Si tuviéramos que elegir uno solo, probablemente sería este. El arce japonés (Acer palmatum) reúne una hoja palmeada muy reconocible, un porte elegante y una gama de rojos, naranjas y púrpuras que pocas especies alcanzan. 

Crece despacio y muchas de sus variedades no superan los tres o cuatro metros, lo que lo hace adecuado para jardines reducidos e incluso para maceta grande. Eso sí, es exigente con la ubicación. Prefiere semisombra, suelo ácido y un lugar resguardado, porque sus hojas son finas y se queman con facilidad si reciben sol fuerte por la tarde o viento seco.

Liquidámbar, color de otoño para jardines amplios

El liquidámbar es seguramente el que ofrece el otoño más espectacular. Su hoja recuerda a la del arce, pero el abanico de tonos es más amplio y va del amarillo al rojo vino, a veces con varios colores conviviendo en el mismo ejemplar. 

El inconveniente es el tamaño, porque puede superar los quince o veinte metros de altura. Resulta magnífico en un jardín grande o como árbol de alineación, pero se queda fuera de lugar en un patio. Prefiere sol directo y suelos frescos y algo ácidos. 

Ginkgo biloba, un árbol de hoja caduca con doscientos millones de años

El ginkgo es un caso singular dentro de los árboles caducifolios. Su linaje es anterior al de muchas especies que hoy consideramos antiguas y no encaja del todo ni entre las coníferas ni entre los árboles de hoja ancha. 

En otoño adquiere un amarillo dorado muy uniforme. Tiene además una particularidad llamativa, y es que suele desprender casi todas sus hojas en muy pocos días, a veces prácticamente de una vez, dejando una alfombra amarilla bajo la copa. Es longevo, muy resistente y tolera bien la contaminación, razón por la cual se utiliza tanto en arbolado urbano.

Abedul, corteza blanca y amarillo suave

El abedul aporta un elemento que los demás no tienen, que es el valor decorativo de su tronco. Su corteza blanca y de aspecto papiráceo resulta tan atractiva como la copa y, de hecho, es en invierno, cuando ya no quedan hojas, cuando más destaca. 

Su hoja es pequeña y en otoño adopta un amarillo claro. Crece con rapidez, soporta bien el frío y agradece los suelos frescos, aunque le cuesta más resistir periodos largos de calor seco. 

Cerezo de flor, dos temporadas de interés

El cerezo japonés tiene la ventaja de resultar atractivo dos veces al año. En primavera ofrece una floración rosada muy abundante y en otoño sus hojas pasan por tonos anaranjados y cobrizos antes de caer. 

Es un árbol de tamaño medio, admite poda de formación y funciona especialmente bien como ejemplar aislado en un jardín pequeño, donde puede apreciarse completo.

Qué es un árbol de hoja caduca

Castaño de Indias, sombra para espacios grandes

Es un árbol habitual en parques y paseos. Tiene la hoja grande, palmeada y compuesta, una floración blanca muy vistosa en primavera y un amarillo intenso al llegar el otoño. 

Su principal virtud es la sombra densa que proporciona, y también su mayor limitación, porque necesita bastante espacio. Conviene saber además que sus frutos, las castañas de Indias, no son comestibles, un detalle a tener en cuenta si hay niños cerca. 

Árboles de hoja caduca para jardines pequeños

No todos los caducifolios alcanzan grandes dimensiones. Si el espacio es limitado, hay tres opciones que suelen funcionar bien. 

El arce japonés es la más recurrente por su crecimiento lento y su tamaño contenido. El cerezo de flor ofrece dos momentos de interés al año con un porte medio. Y el árbol del amor (Cercis siliquastrum) florece en rosa directamente sobre las ramas y el tronco antes de echar la hoja, y amarillea en otoño. 

En cualquier caso, la recomendación más útil es consultar siempre la altura adulta de la especie y no guiarse por el tamaño del ejemplar que se compra. Un árbol mal elegido no suele dar problemas el primer año, sino varios años después.

hojas de los árboles Cercis siliquastrum

Árboles de hoja caduca en maceta: qué tener en cuenta

Es perfectamente posible, aunque con algunas condiciones. Funcionan sobre todo las especies de crecimiento lento y raíz poco invasiva, como el arce japonés, las variedades enanas de ginkgo o los cerezos de flor injertados sobre patrón pequeño. 

Hay tres aspectos que conviene vigilar. El primero es el volumen de la maceta, que debería ser lo más generoso posible y contar con buen drenaje, algo que puedes repasar en la guía de tipos de macetas. El segundo es el riego, ya que un sustrato limitado se seca mucho antes que el suelo de un jardín. Y el tercero es el trasplante, que suele hacerse cada dos o tres años renovando el sustrato y recortando ligeramente las raíces. 

A cambio, un árbol caducifolio en maceta permite que una terraza marque el paso de las estaciones, algo que no consiguen las especies perennes. 

Cuándo plantar un árbol de hoja caduca

El mejor momento es el reposo invernal, aproximadamente entre noviembre y febrero, cuando el árbol ya no tiene hojas. Al no tener que sostener la copa, dedica toda su energía a enraizar y llega a la primavera con el sistema radicular bien asentado. 

Es también la época en la que se encuentran ejemplares a raíz desnuda, más económicos y que suelen arraigar mejor que los cultivados en contenedor. Si la plantación se hace en primavera o en otoño muy avanzado, habrá que recurrir a planta en maceta y extremar el riego durante el primer verano. 

La poda de formación también se realiza durante el reposo, y las fechas orientativas de cada especie están recogidas en el calendario de poda

Qué hacer con las hojas caídas

Conviene no tirarlas, porque una hoja seca es materia orgánica de muy buena calidad y además gratuita. 

Una opción es dejarlas bajo el propio árbol a modo de acolchado. Protegen las raíces del frío, ayudan a conservar la humedad y se descomponen por sí solas, que es lo que sucede de forma natural en un bosque. También pueden incorporarse al compost, siempre mezcladas con restos verdes, porque por sí solas tardan bastante en descomponerse. Y si se dispone de un rincón húmedo donde amontonarlas, al cabo de un año se obtiene mantillo de hojas, uno de los mejores acondicionadores de suelo que existen. 

Eso sí, es recomendable retirarlas del césped, que se asfixia si queda cubierto durante semanas, y de los caminos, donde resultan muy resbaladizas cuando se mojan.

Árboles de hoja caduca o de hoja perenne: cuál elegir

No hay una opción mejor que otra, sino una más adecuada para cada situación. 

Los caducifolios interesan cuando se quiere que el jardín cambie a lo largo del año. Y sobre todo cuando se busca sombra en verano y luz en invierno, que es lo que ofrece un árbol de este tipo bien situado frente a una ventana al sur. 

Los perennes son preferibles si lo que se necesita es una pantalla visual durante todo el año, un seto que cumpla su función también en enero, o simplemente si no se quiere recoger hojas. 

En la práctica, la solución más habitual es combinar ambos: una base perenne que aporte estructura durante el invierno y uno o dos caducifolios que se encarguen del color en otoño. 

El otoño en el jardín

Un árbol sin hojas puede dar la impresión de estar parado, pero en realidad acaba de completar un proceso bastante complejo. Ha recuperado los nutrientes que podía aprovechar, ha sellado cada una de las cicatrices y está esperando a que los días vuelvan a alargarse. 

Si quieres acompañar ese cambio con más plantas de temporada, en plantas de temporada de otoño e invierno encontrarás las que mejor funcionan estos meses. Y en bulbos que plantar en otoño , los que conviene enterrar ahora para que florezcan en primavera.

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